AQUELLOS SILENCIOS QUE MI ALMA HA GUARDADO DURANTE TANTOS AÑOS,AHORA HABLAN EN ESTE RINCÓN PERDIDO, EN EL QUE SE ENTREMEZCLAN LOS ECOS DE LO REAL Y LO IMAGINARIO, QUE LLEGAN, DESDE LO MÁS PROFUNDO DE MIS ADENTROS.

Tú acomódate, desnuda tu cuerpo y tu alma, embriágate del aroma a sándalo… y sueña.

viernes, 22 de julio de 2011

Azul turquesa


El sol rebota en el espejo que cuelga en la pared y se esparce por el pequeño salón en el que descansan tus cuadros por los rincones. Pintas veleros de velas turquesas y escribes en las paredes versos con sabor a canela. Dices que lo habías dejado, que la inspiración te había abandonado, pero que ahora, soy yo tu musa, que mis rizos se enredan en tu cerebro creando marinas de aguas cristalinas.

Nos llega el rumor de las olas mezclado con las voces de la gente que pasea por el paseo marítimo, mientras nuestros cuerpos descansan entrelazados sobre el fino suelo de madera. Tus labios me besan sin medida, sin temor, mientras yo cierro los ojos para concentrarme en ti, en tu suavidad, en tu calidez, en tu aroma de mediterráneo. Canturreas en mi oído una canción de amor, una canción antigua que me hace sonreír, eso es lo que más me gusta de ti, lo mucho que me haces reír. Mis dedos resbalan por tu espalda húmeda y tus manos me aprietan contra tu cuerpo.  Me cobijo en ti y me siento tan vulnerable  que creo que todo depende de ti, que todo está en tus manos.

La tarde se marcha dejándonos desnudos, los rumores se apaciguan y yo me adormezco entre tus brazos, nos llegará la noche si no nos damos cuenta y el olor a jazmín prenderá de nuestro pelo embriagando nuestros sentidos ¿por dónde andabas todo el tiempo que estuve sin ti?

Escalas mi cuerpo en tu deseo inagotable, mis manos se posan sobre tus nalgas duras y suaves, firmes y prietas, tus labios recorren mi cuerpo y mi deseo despierta de su ligero  letargo, eres la sed que me quema y el agua  que la sacia. Dices que las ligeras curvas de mi cuerpo influyen en tu flora intestinal, y se podría decir que es una frase carente de romanticismo, pero el tono que utilizas y el brillo de tus ojos la convierten en la más tierna y romántica de las declaraciones. Nos miramos intensamente y rompemos a reír, el aire ya no puede soplar si tú no estás.

Los movimientos lentos de tus caderas ralentizan el tiempo, la atmosfera húmeda se espesa al compás de tu respiración, por mi espalda resbalan gotas de sudor y en tu frente brilla una estrella. Quedan tantos océanos por navegar, que quizás deberíamos desplegar velas, pero mientras, tus caderas se siguen moviendo conduciéndome al abismo de mis debilidades.
Permanecemos desnudos sobre el suelo, nuestros cuerpos agotados no se quieren levantar, la noche nos abraza y un rayo de luna curioso, rebota en el espejo que cuelga en la pared y se esparce por el pequeño salón en el que descansan tus cuadros por los rincones.

domingo, 3 de julio de 2011

...



                        Demasiadas decepciones para una sola vida

domingo, 5 de junio de 2011

La próxima primavera

Caminas a oscuras porque has apagado la luz. Pero si me pongo a pensar creo que nunca estuvo encendida. ¿Quieres decir que algún día me quisiste? Quizás llamas amor a la pasión de la juventud, a la comodidad de lo cotidiano, a la compañía que llena la soledad.


Quizás no te embriaga el aroma de mi piel, ni el calor de mi cuerpo, quizás mis ojos no han iluminado tus amaneceres, o mis labios no han calmado tu sed. Quizás no has encontrado en mi lo que necesitas, lo que buscas, pero entonces ¿porqué te conformas?

Ayudémonos a volar, te regalo la libertad, acompáñame desde la distancia, y deja que te olvide. Seguiré escribiendo a las estrellas, caminando descalza por la orilla, seguiré escuchando el mar en las noches de calma, seguiré soñando con mi amor.

Quiero bailar bajo la lluvia, quiero llorar y volver a amar, quiero palpitar, volverme a ilusionar. Quiero en la próxima primavera florecer, sin temor a marchitar.

miércoles, 1 de junio de 2011

Con los años

Aprendí que los amores eternos se acaban, que la vida pasa y los sueños cambian. Aprendí, que cuando caminas, no siempre avanzas, que no es el destino el que juega malas pasadas, que con amar no basta, y que una mentira, pesa más que mil toneladas.


Aprendí, que las batallas no se ganan por azar, que me hace bien rezar, y que aunque ilusionada, hay cosas por las que perdí la esperanza.

Aprendí, que en tus ojos no habita el mar, que la luna, no dejará de brillar, que los amaneceres son igual de bellos cuando tú no estás, y que ya, no me quedan ganas de llorar.

Aprendí, que no hay distancias sino olvidos, que no hay un solo camino, y que hay que atreverse a volar, cuando quien te abraza, es la soledad.

El último cuento

Todo tiene un principio y un final, todo cuento su heroína, y todo camino su piedra.


Allí estaba yo, soñando con mi libertad, con mí volver a empezar. Con un pequeño paraíso de nubes de incienso y campanillas sonoras, lámparas de sal y geranios floridos.

Añorando las paredes encaladas de una tierra que nunca fue la mía, el sonido de la música de una cultura a la que no pertenezco, y el aroma de una esencia que desconozco.

Me pesa la vida, se me ralentiza el tiempo, se me espesa el aire, y necesito volar sobre el mar que me ata el alma.

Sólo me quedan papeles en blanco y lápices sin punta, pañuelos que no secan lágrimas, y un vacío que me mantiene en la distancia.

Allí estaba yo, dibujando en la arena mis deseos, dejándome acariciar por las olas, contándole a las gaviotas, mi último cuento.

martes, 18 de enero de 2011

Nuestra última vez

Es momento de apretar los labios y abrir las manos recorrer tu joven cuerpo, terso, musculoso, suave. Me dices que me amas y yo no lo quiero oír, se que así lo sientes aunque no sea verdad. Acallo tus palabras cerrando tus labios con los míos, nuestros cuerpos cálidos, templados, se complementan en sus movimientos, en su sed, en sus ansias de deseo.


Te sumerges entre mis piernas paseando tus carnosos labios por el filo de mi pubis, el planeta se me queda pequeño mi cuerpo convulsiona, mi espalda se arquea y mis piernas abiertas te piden más. En este momento no hay edad que nos separe, somos sólo dos amantes inmersos en el placer que nos proporcionan nuestros cuerpos. No hay humanidad ni perjuicios, sólo hay pasión y deseo, tu y yo “intempore” durante unos minutos.

Sobre ti, observando tu cuerpo de David, perfecto como una escultura, absorbo toda tu sensualidad, toda tu energía. No sé si eres un ángel o una flor, no sé si llegaste a mi vida para alumbrarme o para que la lluvia callera sobre mí.

Ámame, imploras entre vapores de placer, sólo en este momento, sólo en este instante podré hacerlo. Los años resbalan por mi piel, mi madurez contrasta con tu juventud, mi serenidad con tu locura, eres un volcán que me abrasa con su lava y yo, soy la mar en calma que templa tus ganas. Somos como hojas arrastradas por el viento, no tenemos camino, simplemente una ilusión un suspiro que compartir con el alba, una sonrisa que esbozar, un beso que recordar, una caricia prohibida que añorar.

Será esta nuestra última vez aunque no lo sepas, mi silencio oculta la despedida, disfraza de ternura mi amargura. Ya no debo darte más, mi pasión sería la cuerda con la que te ahorcarías. No quiero un mal recuerdo ni un reproche, ni una sola lágrima, no quiero pronunciar un adiós ni ver oculta en tus ojos la tristeza.

Ámame, suplicas en un susurro ahogado por el placer, ámame... o moriré.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Noche de Reyes



Agatha permanecía sentada en el sofá, con sus piernecitas cruzadas como si fuera un indio, y sus redondos ojos negros abiertos como platos. Llevaba ese pijama de felpa rosa con perritos blancos, que tanto le gustaba.


Elenita, la única niña de toda la clase que sacaba sobresaliente en todas las asignaturas, menos en gimnasia, le había dicho que los reyes magos no existían. Agatha se lo había negado con todas sus fuerzas, hasta que las lágrimas inundaron sus ojos y no le dejaron ver. Pero Elenita, riéndose de forma chirriante, se lo repetía una y otra vez, “los reyes no existen, los reyes no existen, son los padreeeeeess”.

Así que Agatha, había decidido quedarse despierta toda la noche, para poder comprobar por ella misma, quien eran los Reyes magos. Sus padres no habían podido convencerla, así que se habían ido a la cama, a la espera de que la niña se quedara dormida.

Sentada en el sofá, le contaba cuentos y cantaba canciones a Tico, su precioso oso de terciopelo rojo, para evitar dormirse. Pero cada vez le costaba más mantener sus grandes ojos abiertos, y poco a poco iba cayendo en los confortables brazos de Morfeo, cuando de pronto, oyó un ruido.

Ante ella, y por todo el comedor, revoloteaban pequeñas partículas doradas, como si un polvo de hadas lo envolviera todo. Allí estaba lo que había pedido en su carta, el cochecito para llevar a Tico, el vestido de princesa, el tocador mágico, y el juego para crear perfumes, además, había otros paquetes envueltos que no sabía que eran, ¡los reyes siempre la sorprendían!

Un extraño movimiento llamó su atención, fugazmente pudo ver como desde la puerta, Baltasar le guiñaba un ojo y desaparecía sin dejar rastro. Agatha, rendida por el sueño y la emoción, abrazada a Tico, se quedó dormida.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Vixen

Un ligero y alegre tintineo de campanillas, se filtraba por los gruesos ventanales que daban al jardín. Pablo pegó su carita al vidrio, haciéndose una visera con las manos, para poder ver de donde procedía tan peculiar sonido. Pero no vio nada, o al menos nada interesante, sólo el abeto vestido de incontables lucecitas de colores, y el delicado manto blanco de la nieve cubriéndolo todo. Así que se acomodó frente a la chimenea, para seguir con su carta a Santa Claus.


Vixen estaba muy asustado, a lo lejos vio la cálida luz de una pequeña casa, a la que se acercó sigiloso. Pegó su redonda y húmeda nariz al frio cristal, observando como el pequeño niño, escribía algo, sentado frente a la chimenea. No sabía cómo podía haber pasado, pero había sucedido, se lo habían advertido sus compañeros, “déjate de tantas travesuras, que un día de estos, te despistas y te pierdes”.

Una vocecita interrumpió sus pensamientos.

-¡Mira papi, es Vixen, el más travieso de los renos de Santa Claus!

Aquella noche buena


La noche coronada de pequeñas luces de colores, cubría con su oscuro y frio manto, los frágiles hombros de la débil anciana. Una vieja televisión como única compañía, llenaba de villancicos la estancia. Aquella que fue hija, hermana y madre, y que no supo si fue abuela, cerró sus ojos mientras su delicado cuerpo, dejaba de tiritar en el sofá. Una sutil luminiscencia entró por la ventana, colmando la habitación de brillantes destellos, que se fueron posando sobre los escasos y roídos muebles. Un ligero siseo de roce de alas, y una sola lágrima, al final de la luz, un ser alado con sus brazos abiertos, con un, ¡feliz navidad!, en sus labios, y lleno de paz, recibió a la anciana.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Corazones en tu espalda

Aquella noche de cálida brisa, llegué suspendida de mil sueños a tu ventana. La encontré entreabierta, quizás un descuido, o quizás, un eterno deseo.

Entré silenciosa, sutil, transparente, como el incorpóreo humo de un cigarro. La azulada luz nocturna se coló pegada a mi espalda, y se posó sobre tu piel iluminándote como un cuerpo celeste. Pude observarte desde uno de los ángulos de la estancia, desnudo, tumbado sobre tu cama.

Mi ser, hasta ese momento vaporoso y frio, empezó a materializarse, a solidificar el deseo que crecía en algún punto de mi. Y pude ver mi reflejo en el espejo de pie de tu habitación. Pequeñas gotas brillantes resbalaban por mi piel, dejando tras de sí el ligero pero inconfundible aroma de la pasión.

Tus ojos se abrieron lentamente, y tu mirada me recorrió entera, masajeando mi cuerpo, penetrando por todos mis orificios, elevando a lo imposible mi apetito de ti.

Tumbado boca arriba abriste tus piernas en un lascivo gesto de provocación, y el ardor que me invadía por dentro, insinuó mi debilidad.

Incapaz de postergar el momento me acerqué a ti, tus ojos se cerraron dejando tu cuerpo a mi disposición, indefenso, vulnerable. Y yo abusé, abusé de tu cuerpo, de tu mente y de tu alma.

Se enlazaron nuestros seres, creando nudos indisolubles, tus labios dibujaron nubes en mi pecho, y lo míos, corazones en tu espalda.

No cabía tanto deseo, el infinito se quedó pequeño, y en ese encuentro sutil, yo me impregné de ti, y tú, te empapaste de mí.

Dos seres en un deseo, fundidos en el placer, no me olvides, una de estas noches, volveré otra vez.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Silencios




Hay silencios, que lo dicen todo sin usar palabra, hay silencios que llagan, y otros que visten de añoranza. Hay silencios que otorgan, y otros que engañan. Hay silencios buenos, necesarios, silencios obligados, y a veces, deseados. Hay silencios que matan, y algunos que aman, hay silencios y silencios. Hay silencios, que sólo viven, cuando todos callan.

domingo, 10 de octubre de 2010

Mariposas en ...



Dormía profundamente, cuando en mi piel, empezaron a posarse mariposas. Mariposas suaves, sutiles, vaporosas. Cubrían mi cuerpo desnudo de cualquier sensación, de cualquier tela, de cualquier líquido.

Se posaban lentamente, como a intervalos exactos, como medidos por el segundero de un reloj. Eran mariposas pequeñas, húmedas, incluso quizás, una pizca viscosas.

Fui poco a poco saliendo de mi ensueño, sintiendo en mi cuerpo el despertar de los sentidos, el calor febril de la piel floreciendo al deseo. Y mi mente descubrió que las mariposas que ella había creado, en realidad eran tus besos, tus labios posándose sobre mi cuerpo.

Y al entreabrir mis ojos, y observarte como un niño, concentrado en un cuento, me di cuenta, que no hay besos, ni abrazos, no hay palabras, ni deseos, no hay pasiones, no hay sueños, que expresen, todo lo que te quiero.

jueves, 30 de septiembre de 2010

A mi perro de tres patas

Envuelta en unos de mis silencios, te observo detenidamente. En tus ojos, si no fuera porque es de día, diría que brilla en ellos la luz de la luna. Pero no de esa luna triste y fría de los ignorantes sentimentales. Sino el de la luna enamorada, de la luna tierna como una madre, de la luna cálida que baña la selva, mientras los que duermen, duermen, y los que no, hacen lo que pueden. Y entonces recuerdo la primera vez que los vi, no había ni luna, ni sol, ni estrellas en ellos. Eran opacos, sin brillos ni destellos.

Me miras con ojitos de enamorado, como adorándome en extremo, y yo sonriéndote triste, te imploro, no me adores, ni te enamores, no lo hagas, no lo merezco, pero tú, lo sigues haciendo, o eso creo.

Caminando tras de ti, por el interminable paseo de la playa, observo tu gracioso caminar renqueante. Imposible pasar inadvertidos, y la gente, como queriéndose sentir mejor, te admiran y dedican palabras de alago y cariño, ¡qué pena! ,¡pobrecito!, ¡qué preciosidad! Pero se equivocan, es fácil ser tan generoso cuando ya no hay problema, cuando no hay que involucrarse, y tú los miras, sin entender esos raros ruidos que hacemos los humanos. Y yo contengo mis ganas de gritar, ¡no! ¡No señores! Fue qué pena, fue pobrecito, pero ya no lo es, ahora es uno más de tantos perros que conviven con sus dueños en sus casas, pero todavía quedan muchos que pena, y muchos pobrecitos esperando en las perreras una oportunidad para ser y hacer feliz a los que los rodean. Pero claro, supongo que eso es otra historia.

Ahora duermes feliz en esa camita tan chula que te hemos comprado, levantas tus orejas al oírme llegar, y en tus ojos brilla la luna, ahora llena, eternamente bella, y en tu mirada tanta ternura que me estremezco, desprendes tanto amor, que llenas los espacios de paz.

Y hay quien dice que te ha tocado la lotería, pero yo pienso que la suerte ha sido mía, y doy gracias al destino, que te puso en mi camino.

viernes, 20 de agosto de 2010

Recordandote

viernes, 23 de julio de 2010

Felices vacaciones



El calor aprieta y la humedad cubre mi piel. Mi mente adormecida inventa historias cálidas, en las que tu cuerpo es mi musa, el centro de mi pensamiento obsceno, la provocación de mis delirios. El ventilador remueve el pesado aire caliente que flota espeso en el salón. Mi cuerpo desnudo sobre el sofá te espera paciente, mientras tú, impávido, paseas por el filo de tu personal abismo.

Debe ser el calor, o la humedad que penetra en nuestros cerebros abotagándolos, debe ser el bochorno insoportable, que hace que yo recorra los rincones buscándote, mientras tú, te buscas a ti mismo.

Y ante el deseo insaciable de mi cuerpo, y ante la obsesión calenturienta de mi mente, he decidido tomarme un respiro, refrescar mi alma, y coger unos días de vacaciones.

Me voy, pero no prometo nada, no os aseguro, que una de estas noches de asfixia húmeda, no me cuele en vuestros sueños, y abuse de vuestros cuerpos.

Lo siento, cuando entráis en mi arca, me abrís la puerta de vuestros sueños en los que cada vez que puedo, sin piedad me cuelo.

Así que felices vacaciones a los que las tengáis, felices días a los que no, y nos vemos en vuestros sueños.

jueves, 8 de julio de 2010

A veces



A veces, lo único que puedo hacer es sentarme a esperar. ¿Esperar que?, quizás una señal, una sonrisa pícara, un guiño de ojos, o que se apague una estrella. Pero la espera se vuelve eterna, absurda, inocua. Aunque no por ello dejo de hacerlo, esperar, esperar, y seguir esperando.


Y el tiempo pasa, la vida sigue adelante, los días se suceden unos a otros, junto con las semanas, los meses, y los años. Y yo sigo ahí, sentada, esperando, viendo la vida pasar, respirando.

Diríase que es una triste leyenda, pero nada más lejos, porque para mí, eso, es esperanza. Esperanza de que algo cambie, o cambie todo.

A veces, mientras doy sosiego a mi cuerpo en la espera, mi mente se acelera, y llega a todas aquellas cosas que quiero mantener lejos, porque todavía duelen, queman y rasgan heridas, que jamás llegaran a sanar.

A veces, mi esperanza se desespera mientras espera, pero dime ¿en qué momento se apaga una estrella?

miércoles, 23 de junio de 2010

Llora una estrella

La vi caer, pequeña, diminuta, pero muy brillante, deslumbrante. Calló lentamente, como si de una pluma se tratara. Con esa delicadeza elegante con la que sólo caen las cosas vaporosas, sutiles.

Y como buscando su sitio, como si tuviera la firme certeza de donde debía caer, se posó en tu pecho, que subía y bajaba lentamente al relajado ritmo de tu sueño. Por un momento su destello iluminó la habitación en cuyas paredes, se dibujaron nuestras siluetas.

Me quedé mirándola detenidamente. Era pequeña, muy pequeña, pero tremendamente luminosa. Me sorprendió que tú no despertaras, no entendí que no te quemaras, puesto que al acercarme para observarla, percibí su calor, el ardor que desprendía.

Entonces, por miedo a que te lastimara, intente cogerla para apartarla de tu piel, esa piel, por mi tan amada. Pero al rozarla, al ligeramente acariciarla, se deshizo, se descompuso en miles, millones de partículas que fueron desapareciendo lentamente, apagándose sin remedio. Y volvió la oscuridad, nos envolvió de nuevo la noche, como si nada antes hubiera pasado.

Me abracé a tu cuerpo, y mientras me quedaba dormida, vi como pequeñas lágrimas incandescentes caían sobre nosotros, cubriendo nuestros cuerpos, convirtiéndonos en dos seres luminosos.

Te desperté, para que vieras lo que estaba sucediendo, y tú, al verlo, esbozaste una sonrisa, y mirándome a los ojos dijiste: Tranquila, no te asustes, sigue durmiendo, es sólo una estrella, que al vernos tan felices, llora de envidia.

sábado, 5 de junio de 2010

Al borde de mi piel

Me siento más mujer que nunca, mi cuerpo me habla de tantas experiencias vividas, y otras tantas soñadas, todas ellas acumuladas en estos años, algunos buenos, otros no tanto, y otros, que conseguí olvidar.


Mis ojos, enmarcados por pequeñas pero profundas arrugas, que salen de dentro, producidas por algún sufrimiento, y por tantas y tantas sonrisas, por tantas y tantas carcajadas, observan la vida coronada de sentimientos que pasa delante de ellos, mientras yo me zambullo de lleno en ella, sin dejarla pasar, sin quedarme indiferente, saboreando cada segundo, bebiéndomela a borbotones, sin pensar en el miedo que inevitablemente me produce su velocidad.

Bajo mi suave piel late mi sexualidad, mi pasión, mi deseo. Y a cada segundo esta mujer que llevo dentro, necesita ser saciada, con una mirada, con un gesto, con una palabra. Bajo mi suave piel, ardo ante los ojos que me miran, entre las manos que me acarician, bajo el cuerpo que me cobija.

Me refugio en mis silencios, en mi buscada soledad, o en algunas palabras, con las que juego a intentar decir algo. Otras veces simplemente me cobijo en este rincón, que siento extraño, lejano, pero a la vez tan intimo, que es capaz de despertar mis miedos, de una forma absurda, irracional.

Y entre esos placeres, entre esos deseos, entre esa pasión, te encuentras tú, que me observas en mi desnudez, mirando por la rendija de la puerta entornada que no te atreves a cruzar, en esa sexualidad estás tú, que aunque quieres pasar en silencio, tu almizclado aroma, delata tu presencia.

Acercarte a mí, desnuda tu cuerpo, asómate al borde de mi piel, y déjate llevar por mi pasión, seguro que seremos capaces, de inventar mil historias.

viernes, 28 de mayo de 2010

Sobre un rayo de luna


Sentada sobre un rayo de luna, pensando en ti, en el cálido latir de tu pecho. En todas esas historias que nos quedan por vivir. En las caricias que descansan en nuestros cuerpos, en esos besos que humedecen nuestros labios, en esos sentimientos. En tantas cosas que te he dicho, y tantas otras que te quiero decir.

Sentada sobre un rayo de luna, pensando en ti, en el calor de tu pecho en mi espalda, en el de tus manos en mi pecho. En todos los te quiero, los que hemos pronunciado, y los que hemos callado. En todas esas miradas, en todas esas palabras, en todos esos sueños, y en tantos y tantos momentos.

Sentada sobre un rayo de luna, pensando en ti, me encontré llorando, de tanto y tanto sentir.

miércoles, 5 de mayo de 2010



Las pequeñas arrugas de alrededor de tus ojos se acentuaron al mismo tiempo que las comisuras de tus labios subieron suavemente. Tu perfume me llegaba envolvente, y tu voz me dio la bienvenida.

Los recuerdos se agolpaban en mi mente, llenándome de mil sensaciones, todas buenas, todas ya conocidas. Tu mano sobre mi cintura erizó mi piel y encogió mi alma. El oxigeno cogió cuerpo espesándose como un buen caldo. Lo notaba colmar mis pulmones, casi haciéndome daño.

Una lágrima rodó por tus mejillas sombreadas por la barba incipiente, que me rascó levemente cuando tus labios envolvieron los míos. La suave tela de mi camisa me acaricio la espalda al deslizarse lentamente hasta caer al suelo. Tus ojos me observaban con presura, con pasión, como si el tiempo se nos acabara, como si no pudieras esperar ni un solo segundo, como si esa fuera nuestra única oportunidad.

Tu piel ardía entre mis manos, y apreté mi pecho contra el tuyo, me fundí con tu cuerpo, sintiendo dentro de mí tus latidos, tu respiración. El dolor de los sentimientos profundos y pasionales atravesó mi ser, y haciendo un gran esfuerzo, conseguí que mis lágrimas se quedaran en mí, muy dentro.

Hacía tiempo que imaginaba el momento, aunque nunca pude pensar que algún día llegara a ser verdad. Apenas nos conocimos, pero esa mirada, me dijo tanto. Y ya sin volverte a ver, a veces, sin saber porqué, tu recuerdo me sorprendía imaginándote entre mis brazos, enredado en mi cuerpo. Y entonces, sin poder imaginarlo, sin ni siquiera pensarlo, te encontré, o debería decir que me encontraste, quizás simplemente nos encontramos. Y dejamos detrás nuestras vidas, sin pensar en consecuencias, sin importarnos lo que pasaría después, lo que nos pesaría el encuentro.

Y caímos desnudos, el uno en el otro, olvidándolo todo, sin recordar nuestros nombres. Una primera, única, y última vez, que colmó nuestras ganas, creó nuestra añoranza. Y dejó esa llaga que me duele, que seguro te daña, que nos une en las noches, en las que te llamo, o me llamas.

Nos encontramos cuando ya no había hueco, ni sitio, ni nada, que pudiera dar cabida a nuestra pasión, que diera espacio, u oportunidad a nuestra extraña historia.

Y es que da tanto miedo, cuando lo que sientes… es tan irracional.